El Libro Infierno ( CARLO FRABETTI ) - Parte 13
Machina ex Deo
Like a love machine...La ecuación amor=lujuria me llevó a evocar la semiolvidada canción, la pistoneante máquina de la libido rítmicamente desenfrenada, cuyos acordes se convirtieron en mi atribulada mente en un lenguaje cifrado, un código binario de diástoles y sístoles... No, no era un lenguaje cifrado, sino analógico... La trepidación de la máquina del amor insinuaba un discurso binario, sí, pero directo, literal... Un discurso binario, luego ternario... Una nota única generaba, a modo de eco, una segunda nota, de cuya interacción con la primera surgía una tercera... La máquina del amor. Dios es amor, Dios es (la máquina del) amor. Un Dios único genera, al amarse a sí mismo, una segunda Persona, y del mutuo amor de las dos primeras Personas surge una tercera... Tres líneas melódicas y una sola canción. Pero las líneas se entrecruzan, v de cada intersección nace una nueva línea, que a su vez se cruza con todas las demás...Llamé al demonio, que en el acto se materializó alrededor de su sonrisa.-¿Ya has inventado la máquina? -preguntó sin dejar de sonreír como un gato.--Con la ayuda de Dios.-Preferiría que no lo nombraras. Aunque sé que en cu caso es un comentario puramente irónico, puesto que te declaras ateo.-Agnóstico -maticé-, y no es un comentario irónico, sino técnico: Dios mismo es la máquina generatriz de todos los números. Bien mirado, no podía ser de otra forma, ¿no te parece?-Te advierto que no voy a aceptar trucos del estilo de «Dios recita los números reales en un lenguaje misterioso que sólo él puede concebir».-Nunca te ofendería, ni me ofendería a mí mismo, con una banalidad de ese tipo --repliqué con afectada dignidad-, Aunque mi solución tiene que ver, sí, con el misterio...-¿Qué misterio?-El misterio por antonomasia de la primera religión presuntamente monoteísta.-¿El de la Santísima Trinidad?-Yo lo llamaría más bien de la Santísima Infinidad; aunque incluso este nombre resulta insuficiente.-¿Qué quieres decir?-El misterio de la Santísima Trinidad se ha considerado siempre un misterio por exceso: ¿cómo puede el Dios único ser a la vez trino? ¿Por qué tres Personas, si a todos los efectos basta con una? Pero aún más incomprensible (de hecho, teológicamente inaceptable) es el misterio complementario, el misterio por defecto: si hay varias Personas, ¿por qué sólo tres?»Si el amor narcisista del Padre hacia sí mismo engendra al Hijo, éste, que es tan Dios como el Padre, se amará con igual potencia, e inevitablemente engendrará al Nieto, que a su vez engendrará al Bisnieto, y éste al Tataranieto, y así sucesiva e indefinidamente.»Por otra parte, si el amor incestuoso entre el Padre y el Hijo engendra al Espíritu Santo (la divina Paloma), el del Hijo por el Nieto no puede ser menos fecundo, y engendrará a, digamos, la Tórtola. Y el amor entre el Padre y el Nieto, a la Golondrina... »Y esto no es más que el principio, pues no hay ninguna razón para pensar que las divinas Personas tengan que limitarse a los idilios binarios. Lo teológicamente correcto, por el contrario, es pensar que Dios haya agotado todas las posibilidades auto amatorias, y que los ménages-a-trois/quatrelcinq... hayan sido consumados fecundamente, es decir, con la consiguiente generación, en cada caso, de una nueva Persona.»Así pues, por una parte tenemos una dinastía narcisista (Padre, Hijo, Nieto, Bisnieto, Tataranieto...) que se corresponde claramente con la serie de los números naturales: 1, 2, 3, 4, 5... (con ello no pretendo arrebatarle al Espíritu Santo el estatuto de Tercera Persona en beneficio del Nieto: no se trata de una enumeración jerárquica, sino meramente operativa; además, no tiene sentido hablar siquiera de jerarquía, puesto que todas las Personas son iguales).»Y, por otra parte, a cada subconjunto de N (siendo N el conjunto de los números naturales) le corresponde una nueva Persona. Así, el subconjunto {1,2} se convierte en el Espíritu Santo sin más que equiparar subconjunto con idilio, ya que el 1 es el Padre y el 2 el Hijo...»Bien, ahí tienes tu máquina generatriz de todos los números.-Un momento -replicó el bibliotecario--. Tu máquina (ingeniosa, debo admitirlo, y teológicamente interesante) no sale del ámbito de N. Los subconjuntos de N son numerables, y para demostrarlo sirve el mismo razonamiento con el que superaste la tercera prueba: de igual modo que tú ordenaste las parejas de números según la suma de sus miembros, podemos ordenar de menor a mayor todos los subconjuntos de N: los que suman 3 (sólo hay uno: {1,2}), los que suman 4 (también hay uno sólo: {1,3})? los que suman 5...Mientras hablaba, el demonio se sacó de la manga un rollo de pergamino y una pluma de cuervo, que mojó en su propia saliva, y escribió una lista.
3 {1,2}4 {1,3}5 {1,4}{2,3}.6 {1,51{2,4} {1,2,3}
-Tu Santísima Infinidad es numerable -concluyó el bibliotecario-. Ya lo decía Kroenecker: Dios sólo ha hecho los números naturales; todos los demás son obra del hombre.-Supongo que es consustancial a tu naturaleza demoníaca subvalorar la potencia divina -repliqué-. Lo que dices es cierto para los subconjuntos finitos de N; pero sería impropio de Dios echarse atrás ante los menajes (valga el galicismo) infinitos. Todas las Personas pares, por ejemplo, se aman grupalmente, y al hacerlo engendran una nueva Persona: la Santa Paridad. Análogamente, las Personas impares generan la Santa Imparidad, y las primas, la Santa Primidad...»Es decir, todos los subconjuntos de N, los finitos y los infinitos, generan nuevas Personas. Y el conjunto de todos los subconjuntos finitos e infinitos de N es, como sabes, álef-1, el primer número transfinito de Cantor, el continuo, equivalente a R, el conjunto de los números reales.»Pero la máquina no se detiene ahí. No se detiene nunca: las Personas de álef-1 se agrupan amorosamente, a su vez, de todas las formas finitas e infinitas posibles, y el conjunto de rodos los subconjuntos de álef-1 es, como sabes, álef-2, Y las Personas de álef-2, a su vez, se agrupan de todas las formas posibles, y así sucesiva e indefinidamente. El furor autoerótico de Dios genera toda la serie de los álef, la terrible dinastía de los números transfinitos de Cantor...
Like a love machine...La ecuación amor=lujuria me llevó a evocar la semiolvidada canción, la pistoneante máquina de la libido rítmicamente desenfrenada, cuyos acordes se convirtieron en mi atribulada mente en un lenguaje cifrado, un código binario de diástoles y sístoles... No, no era un lenguaje cifrado, sino analógico... La trepidación de la máquina del amor insinuaba un discurso binario, sí, pero directo, literal... Un discurso binario, luego ternario... Una nota única generaba, a modo de eco, una segunda nota, de cuya interacción con la primera surgía una tercera... La máquina del amor. Dios es amor, Dios es (la máquina del) amor. Un Dios único genera, al amarse a sí mismo, una segunda Persona, y del mutuo amor de las dos primeras Personas surge una tercera... Tres líneas melódicas y una sola canción. Pero las líneas se entrecruzan, v de cada intersección nace una nueva línea, que a su vez se cruza con todas las demás...Llamé al demonio, que en el acto se materializó alrededor de su sonrisa.-¿Ya has inventado la máquina? -preguntó sin dejar de sonreír como un gato.--Con la ayuda de Dios.-Preferiría que no lo nombraras. Aunque sé que en cu caso es un comentario puramente irónico, puesto que te declaras ateo.-Agnóstico -maticé-, y no es un comentario irónico, sino técnico: Dios mismo es la máquina generatriz de todos los números. Bien mirado, no podía ser de otra forma, ¿no te parece?-Te advierto que no voy a aceptar trucos del estilo de «Dios recita los números reales en un lenguaje misterioso que sólo él puede concebir».-Nunca te ofendería, ni me ofendería a mí mismo, con una banalidad de ese tipo --repliqué con afectada dignidad-, Aunque mi solución tiene que ver, sí, con el misterio...-¿Qué misterio?-El misterio por antonomasia de la primera religión presuntamente monoteísta.-¿El de la Santísima Trinidad?-Yo lo llamaría más bien de la Santísima Infinidad; aunque incluso este nombre resulta insuficiente.-¿Qué quieres decir?-El misterio de la Santísima Trinidad se ha considerado siempre un misterio por exceso: ¿cómo puede el Dios único ser a la vez trino? ¿Por qué tres Personas, si a todos los efectos basta con una? Pero aún más incomprensible (de hecho, teológicamente inaceptable) es el misterio complementario, el misterio por defecto: si hay varias Personas, ¿por qué sólo tres?»Si el amor narcisista del Padre hacia sí mismo engendra al Hijo, éste, que es tan Dios como el Padre, se amará con igual potencia, e inevitablemente engendrará al Nieto, que a su vez engendrará al Bisnieto, y éste al Tataranieto, y así sucesiva e indefinidamente.»Por otra parte, si el amor incestuoso entre el Padre y el Hijo engendra al Espíritu Santo (la divina Paloma), el del Hijo por el Nieto no puede ser menos fecundo, y engendrará a, digamos, la Tórtola. Y el amor entre el Padre y el Nieto, a la Golondrina... »Y esto no es más que el principio, pues no hay ninguna razón para pensar que las divinas Personas tengan que limitarse a los idilios binarios. Lo teológicamente correcto, por el contrario, es pensar que Dios haya agotado todas las posibilidades auto amatorias, y que los ménages-a-trois/quatrelcinq... hayan sido consumados fecundamente, es decir, con la consiguiente generación, en cada caso, de una nueva Persona.»Así pues, por una parte tenemos una dinastía narcisista (Padre, Hijo, Nieto, Bisnieto, Tataranieto...) que se corresponde claramente con la serie de los números naturales: 1, 2, 3, 4, 5... (con ello no pretendo arrebatarle al Espíritu Santo el estatuto de Tercera Persona en beneficio del Nieto: no se trata de una enumeración jerárquica, sino meramente operativa; además, no tiene sentido hablar siquiera de jerarquía, puesto que todas las Personas son iguales).»Y, por otra parte, a cada subconjunto de N (siendo N el conjunto de los números naturales) le corresponde una nueva Persona. Así, el subconjunto {1,2} se convierte en el Espíritu Santo sin más que equiparar subconjunto con idilio, ya que el 1 es el Padre y el 2 el Hijo...»Bien, ahí tienes tu máquina generatriz de todos los números.-Un momento -replicó el bibliotecario--. Tu máquina (ingeniosa, debo admitirlo, y teológicamente interesante) no sale del ámbito de N. Los subconjuntos de N son numerables, y para demostrarlo sirve el mismo razonamiento con el que superaste la tercera prueba: de igual modo que tú ordenaste las parejas de números según la suma de sus miembros, podemos ordenar de menor a mayor todos los subconjuntos de N: los que suman 3 (sólo hay uno: {1,2}), los que suman 4 (también hay uno sólo: {1,3})? los que suman 5...Mientras hablaba, el demonio se sacó de la manga un rollo de pergamino y una pluma de cuervo, que mojó en su propia saliva, y escribió una lista.
3 {1,2}4 {1,3}5 {1,4}{2,3}.6 {1,51{2,4} {1,2,3}
-Tu Santísima Infinidad es numerable -concluyó el bibliotecario-. Ya lo decía Kroenecker: Dios sólo ha hecho los números naturales; todos los demás son obra del hombre.-Supongo que es consustancial a tu naturaleza demoníaca subvalorar la potencia divina -repliqué-. Lo que dices es cierto para los subconjuntos finitos de N; pero sería impropio de Dios echarse atrás ante los menajes (valga el galicismo) infinitos. Todas las Personas pares, por ejemplo, se aman grupalmente, y al hacerlo engendran una nueva Persona: la Santa Paridad. Análogamente, las Personas impares generan la Santa Imparidad, y las primas, la Santa Primidad...»Es decir, todos los subconjuntos de N, los finitos y los infinitos, generan nuevas Personas. Y el conjunto de todos los subconjuntos finitos e infinitos de N es, como sabes, álef-1, el primer número transfinito de Cantor, el continuo, equivalente a R, el conjunto de los números reales.»Pero la máquina no se detiene ahí. No se detiene nunca: las Personas de álef-1 se agrupan amorosamente, a su vez, de todas las formas finitas e infinitas posibles, y el conjunto de rodos los subconjuntos de álef-1 es, como sabes, álef-2, Y las Personas de álef-2, a su vez, se agrupan de todas las formas posibles, y así sucesiva e indefinidamente. El furor autoerótico de Dios genera toda la serie de los álef, la terrible dinastía de los números transfinitos de Cantor...



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